Fernando Renjifo

 

Cuando escribo pensando en algo escénico lo hago pensando en llevar yo mismo ese texto a la escena, es decir, que mi autoría está muy vinculada a la dirección. Nunca he sabido ni he querido hacer teatro de personajes ni representacional. Esto explica que nunca haya escrito un texto dramático al uso. Sin embargo creo profundamente en la poética de la palabra. Creo que mi escritura está atravesada por una tensión entre el compromiso y la contemplación, entre la política y la poética, entre la búsqueda de comprender y posicionarse en el mundo y la defensa de lo poético como forma de experiencia común e íntima disidencia.

Fabulamundi involved Fernando Renjifo in activities in Milan and in Paris.

Fernando Renjifo. (Madrid, 1972). Autor y director escénico. Su lenguaje se mueve entre los ámbitos del teatro, la performance y la creación audiovisual para la escena. La mayor parte de las veces lleva a escena sus propios textos. Con estudios en Filosofía, Filología y Lingüística, es autodidacta en cuanto a la creación escénica. Comenzó a escribir y dirigir en los años 90, en los que fundó en Madrid una compañía de teatro llamada La República. De origen hispano-peruano, pasó gran parte de su infancia en Lima, lo cual marcó su escritura y su relación con Latinoamérica. Ha vivido y trabajado también en México D.F. y Río de Janeiro. Aparte de su obra dramática, es autor de dos libros de poesía. Sus obras se han mostrado en teatros, espacios y festivales de Europa, Latinoamérica y Oriente Próximo.

Teatrografía

2012 / Mayo siglo XXI. ¿Es el fracaso un atributo del alma?; estreno: octubre 2012, Teatro Pradillo, Madrid; publicado: Pliegos de teatro y danza nº 47, Aflera Ed, Madrid (2012).
2010 / Tiempos como espacios; estreno: febrero 2010, Festival Escena Contemporánea, Sala Cuarta Pared, Madrid; publicado: Pliegos de teatro y danza nº 33, Aflera Ed, Madrid (2010).
2008 / Estudios para un Ecce homo.
2006 / Homo politicus, v. Rio de Janeiro, (texto en colaboración con los actores); estreno: abril 2006, C.C. Telemar, Río de Janeiro; publicado: En el vol. Éticas del cuerpo (Edición y estudio de Óscar Cornago), Ed. Fundamentos, Madrid (2008).
2005 / Homo politicus, v. México D.F., (texto en colaboración con los actores); estreno: C.C. Helénico, México D.F., junio 2005; publicado: Ed. Anónimo Drama, México D.F. (2005) y en el vol. Éticas del cuerpo (Edición y estudio de Óscar Cornago), Ed. Fundamentos, Madrid (2008).
2003 / Homo politicus, v. Madrid, (texto en colaboración con los actores); estreno: noviembre 2003,Teatro Galán, Santiago de Compostela; publicado: En el vol. Éticas del cuerpo (Edición y estudio de Óscar Cornago), Ed. Fundamentos, Madrid (2008).
2002 / Werther (sombra); estreno: 2002, Teatro El Canto de la Cabra, Madrid; Inédito en español; traducido y publicado en griego, Ed. Lagoudera, Atenas, 2008.
2000 / Réquiem; estreno: septiembre 2000, Teatro Pradillo, Madrid; inédito en español, traducido y publicado en griego, Ed. Lagoudera, Atenas, 2008.

– Mayo siglo XXI. ¿Es el fracaso un atributo del alma? –
– Selección del texto seleccionado para The dangerous opportunity –

Sinopsis: Poema dramático en torno a las aspiraciones y formulaciones de algunos movimientos sociales actuales (España, Grecia…), con el marco de fondo de movimientos sociales del siglo pasado como el Mayo del 68 francés. Este distanciamiento sirve como perspectiva desde donde repensar logros y fracasos y cuestionar el juego de representaciones políticas asumidas. Hay una llamada a repensar la disidencia, tal vez desde el concepto de hombre antes que desde el de ciudadano.

Poema dramático en 7 partes. Sin personajes ni acotaciones. En su puesta en escena, el texto fue distribuido entre tres actores.

– Fragmentos del texto seleccionado: Mayo siglo XXI. ¿Es el fracaso un atributo del alma? –

En él aparece un hombre tumbado boca arriba sobre la tierra cuarteada,
bajo un inmenso cielo estrellado,
como si las estrellas se le fueran a caer encima.

Ahí está, otra vez, después de tanto tiempo,
el hombre ante la inmensidad.

Era difícil volver a tener una imagen de nosotros mismos.

No sabíamos cómo representarnos.

No nos reconocíamos en el ruido del mundo, ni en las imágenes,
ni en las palabras.

Toda representación era hueca, autorreferencial, impotente, triste.

Habíamos sido embargados de cualquier sentido profundo,
de cualquier relación con el infinito,
de cualquier misterio.

El mundo estaba lleno de imágenes y de palabras,
en las pantallas, en los periódicos, en las conversaciones, en los bares.

Pero ahí no aparecíamos nosotros.

No nos reconocíamos.

Todo lo que producíamos era detritus.

Vivíamos en un mundo residual,
lanzando gritos al vacío,
palabras huecas,
disputas mezquinas,
arrastrando nuestros cuerpos acostumbrados.

No sabíamos cómo representarnos,
no había carnalidad para la carne,
ni cuerpo para la palabra,
ni palabra para el pensamiento.

Habíamos sido robados, despojados, desfigurados, enmudecidos.
Y no nos reconocíamos.

No había yo, ni tú, ni ellos, ni nosotros.
Porque yo, tú, ellos, nosotros, eran sólo defensa o acusación.

(…)

Habíamos olvidado que toda ley es una derrota,
que toda institución es una derrota,
la evidencia de un fracaso,
el fracaso de nuestra relación con lo infinito.

Confiábamos en los grandes fracasos:
familia, religión, Estado,
patria, ley, progreso.

Confiábamos en los grandes fracasos
y los tomábamos por logros,
olvidando que son sólo remiendos, parches, atajos,
evidencia de nuestro miedo, de nuestra cobardía, de nuestra torpeza
para exponernos al infinito.

Quimeras que evidencian nuestra dejadez,
la renuncia a encontrar otra manera de estar.

Quimeras que evidencian
nuestra resignación y sometimiento.

Lugares seguros donde escondernos
y protegernos de los demás.

Lugares que acabarían siendo moldes, prisiones, cárceles, panópticos,
mecanismos de control
donde nos hicimos invisibles a nosotros mismos,
a fuerza de vigilar y ser vigilados.

(…)

Cuerpos invisibles a sí mismos,
sin posibilidad por tanto de desnudez alguna.

Cuerpos castrados, mutilados, vaciados,
sin boca, sin manos,
sin ano, sin ojos, sin piel.

Cuerpos sin piel que los proteja
y que a la vez decida el destino de su placer.

(…)

Crecimos en la abundancia,
y creímos que ése era el estado natural de las cosas.

Crecimos en zonas pacificadas,
y no nos dimos cuenta del estado de excepción.

Cavamos nuestra propia tumba,
que ahora queremos conservar.

Hoy se confunde revolución con reacción.

Creímos en el banquete,
acudimos solícitos
y nos quedamos sin postre.

(…)

Preguntémonos más bien por todo lo que no ha ocurrido.
Preguntémonos más bien por todo lo que no hemos dejado que ocurra.

(…)

Habría que volver a nombrar.
Como quien se pega un tiro.

Las palabras serán palabras o no serán,
los cuerpos serán cuerpos o no serán,
las imágenes serán imágenes o no serán.

No es un problema del arte,
el arte no es un asunto crucial,
el arte no es un problema.

(…)

Esta ciudad era hermosa antes de la devastación de la riqueza.
Esta ciudad era hermosa antes de la propagación de la avaricia.

Este paisaje era hermoso antes de la devastación de la riqueza.
Este paisaje era hermoso antes de la propagación de la avaricia.

Tu casa era hermosa antes de que creyeras en la riqueza.
Tus hijos eran hermosos antes de que les impusieras
el destino de la riqueza.

Desbordemos pues otra vez la economía de la creación,
volvamos a navegar en el derroche.

Y tal vez ahí seremos de nuevo excluidos y colmados.

(…)

El 5 de abril de 2012, Dimitris Jristulas
se rebela contra el valor de su cuerpo y de sus palabras,
y se suicida pegándose un tiro en la Plaza Sintagma de Atenas,
dejando una carta escrita.

Antes de morir lo habían dejado sin cuerpo,
sin cuerpo para la vida,
sin cuerpo para el placer ni para el dolor.

Sin cuerpo para gritar ni para rebelarse.

(…)

Estas palabras se contradicen con su vacuidad y su impotencia.
Con la vacuidad y la impotencia de todas las palabras acumuladas.
Que no han alcanzado la radicalidad del sentido,
a cielo abierto.

(…)

Tenemos intimidad con la catástrofe,
busquemos intimidad con la disidencia.