Foto Victoria Szpunberg copia-001

El teatro es un arte presencial que se construye de forma colectiva. Es un lugar de encuentro en el que confluyen elementos terriblemente efímeros con ecos muy arcaicos. Aspectos materiales, físicos y prosaicos conviven con aquello más profundo, y con aquello más elevado. El teatro es aquí y ahora y, sin embargo, queremos eternizarnos en él. Es un juego, pero jugársela es cosa seria.

Cuando escribo teatro intento que aflore lo imprevisto, el inconsciente, el humor y el dolor. Intento que nada quede enquistado. Cuando crees que has entendido, cuando has juzgado lo que ves, aparece lo otro, lo extraño, lo misterioso, el cuestionamiento de la convención. Intento dialogar con la tradición, no me gustan las obras que proponen una ruptura evidente. Sin embargo, no soy amante de las clasificaciones. Busco un resquicio de libertad y de vértigo. Prefiero lo amorfo, imperfecto y vivo, que las estructuras impolutas. Prefiero la crítica y la incomodidad que el aplauso unánime.

Para más información sobre este autor, consultar la pàgina web Catalandrama (www.catalandrama.cat)

Buenos Aires, Argentina, 1973

Autora teatral y profesora de dramaturgia en el Institut del Teatre y en la Escola Superior de Coreografia de Barcelona. En el año 2000 es invitada a tomar parte en la Residencia Internacional del Royal Court Theatre con su primera obra. A partir de entonces, sus obras se han estrenado en múltiples festivales y teatros nacionales e internacionales. Aparte de su carrera como autora, ha colaborado con diferentes coreógrafos, ha firmado dramaturgias y adaptaciones teatrales, ha trabajado como directora y ha escrito piezas para radio e instalaciones sonoras. También ha participado en proyectos de teatro y educación y es colaboradora de la Escuela de teatro social Patothom. En 2013 recibió el Premio Max a la autoría teatral catalana. Entre sus obras destacan Entre aquí y allá (Lo que dura un paseo), L’aparador (Teatre Nacional de Catalunya, 2003), Esthetic Paradise (Sala Beckett – Festival Grec, 2004), La máquina de hablar (montaje que también dirigió en la Sala Beckett, 2007, y en la Sala PIM de Milán, 2008), El meu avi no va anar a Cuba (Festival Grec – Sala Beckett, 2008), La marca preferida de las hermanas Clausman (Teatre Tantarantana, 2010), Boys don’t Cry (Teatre Lliure, 2012) y L’onzena plaga (Teatre Lliure 2015).

La máquina de hablar
Estamos en un futuro incierto. Una mujer argentina que trabaja como máquina de hablar, un perro que da placer y un propietario. Un triángulo con más de tres puntas.
Esta es la historia de una relación de poder, de dependencia y, por qué no, de amor. Una historia cruel y romántica en la que las máquinas y las emociones se funden en una espiral de acontecimientos al límite de la existencia.
“La obra plantea una situación dramática inicial bastante atípica. Ya el inicio de la obra resulta extraño: una mujer que no se levanta de una silla le habla a un tipo que maneja un mando a distancia. El discurso de ella, la actitud de él y, sobre todo, el vínculo que vemos entre ambos nos muestran un mundo grotesco, onírico, teatral, no naturalista… Para que la obra no resultara del todo críptica y porque me interesa especialmente no dejar al público afuera de toda comprensión, opté por usar una estructura lineal.
La inmovilidad de ella me obligó a buscar el movimiento en el lenguaje, a trabajar especialmente el ritmo de las réplicas.
Como la obra empieza con una situación bastante extrema y la aparición del Perro que da placer aún la extrema más, me pareció importante no abandonar la expectativa creada. Esto supuso un trabajo de la inventiva y no tener miedo a que la imaginación desborde y arriesgue la situación teatral. La acción avanza continuamente: salvo dos escenas que representan dos sueños de ella, el resto plantea un tratamiento del tiempo lineal. Diría que la obra combina un mundo grotesco y poético con una cotidianidad muy concreta.”
Obra disponible en catalán, español, francés, hebreo, inglés, italiano y polaco.
Obra para 2 actores y 1 actriz.

La undécima plaga
Una pareja que no puede separarse por motivos económicos intenta mantener una apariencia de normalidad, hasta que un elemento tóxico sale a la luz y desvela la podredura de su cotidianidad más íntima.
Esta obra no quiere hablar de la pareja, sino de cómo la estructura de la mercadería lo destruye todo. Cuando llega la undécima plaga, sólo te queda cerrar bien las persianas, ponerte el Mesías de Häendel y gritar bien fuerte.
“En el texto bíblico, la décima plaga, la muerte de los primogénitos, era la más dura. Pero aunque como dolor irreparable, era contenida en el marco de la familia, la famosa “célula social” que sostenía a la sociedad entera. Hoy en día, esta célula parece haber entrado en una crisis oncológica irreversible, ya que las formas tradicionales parecen hundirse y las sólidas estructuras son roídas por un ejército de ratas.
En el Cautiverio, el último gran castigo convenció al Faraón de que el pueblo esclavo obtuviera la libertad. ¿Qué tenemos que ofrecer hoy y a quién para obtenerla?
Sugestivamente, no sé exactamente por qué, aunque lo intuyo, la forma que ha adoptado La undécima plaga se acerca más a lo que sería el teatro canónico: una historia, una forma dramática progresiva, diálogos, personajes… ¡E incluso el sentido del humor! Como si se tratara de un último intento desesperado y grotesco de agarrarse a unos pilares antiguos que están a punto de romperse, quizás eso sea una manera de contrastar todavía más la historia con el presente y mostrar la melancolía por unas estructuras que “ofrecían” seguridad.”
Obra disponible en catalán.
Obra de 9 personajes que se puede hacer con un reparto de 3 actores y 3 actrices como mínimo.

Boys Don’t Cry
Dos hombres, antiguos amigos de la adolescencia, se encuentran después de mucho tiempo de no verse. Uno de ellos ha triunfado y ejerce el poder político. El otro, el artista, se siente fracasado y necesita ayuda. Los dos viejos amigos volverán a coincidir en situaciones opuestas bajo la mirada de una mujer que los conoce muy bien de aquellos tiempos en los que sonaba “Boys don’t Cry”… Ahora, sin embargo, a los chicos les tocará llorar.
Esta obra está disponible en catalán y español.
Obra para 3 actores y 1 actriz.

Boys don’t cry
Dos hombres, viejos amigos de la adolescencia, se encuentran tras mucho tiempo sin verse. Jordi ocupa un sitio importante dentro de la política de su ciudad; Walter malvive con un trabajo que no le aporta nada, se siente fracasado y perdido y necesita ayuda. Pedir es muy difícil, ayudar también. Uno hace de espejo del otro. Frustración, resentimiento, presión social y mucha violencia contenida. Los dos hombres entrarán en una dialéctica vertiginosa, llena de proyecciones y deseos reprimidos.
De fondo, el recuerdo del pasado, la melancolía de la juventud perdida, de un tiempo en el que se creía que todo era posible, la transición política, la “década del cambio”, la movida, The Cure…

La marca preferida de las hermanas Clausman
Años 90. Ha caído el muro de Berlín. Las Azúcar Moreno quedan quintas en Eurovisión. Una pequeña ciudad al sur de Cataluña donde viven Sara y Valentina, dos adolescentes hijas de exiliados políticos. Fuera, un sitio provinciano, feliz, y la moda de las marcas… Dentro, un comedor desaliñado, un pequeño espacio de ficción en el que las hermanas juegan a representar la historia de sus padres. Un espacio en el que juegan y en el que también sobreviven. Al fondo, una puerta que da a la habitación de la madre casi siempre permanece cerrada.